Artículo sobre ‘Arrebato’ en La Vanguardia (mayo 1981)

La Vanguardia 'Un arrebato para el cine español', por Lluis Bonet Mojica

El sábado 9 de mayo de 1981 Lluis Bonet Mojica firmaba este elogioso artículo sobre Arrebato desde las páginas de espectáculos de La Vanguardia, anunciando su reestreno en el Cine Céntrico (c/ Peu de la Creu n.º 2), que durante tres días —del 8 al 10— pasaría de nuevo el filme. El estreno oficial en Barcelona, el 31 de marzo de 1981 en el Arkadin 2, se había retrasado casi un año con respecto al del Cine Azul, en Madrid, y pasó casi desapercibido en prensa, manteniéndose en cartel tan solo hasta el 10 de abril (siendo sustituida por La caliente niña Julieta). Bonet aprovecha además para hacer un breve pero sustancioso repaso de la carrera de Zulueta hasta la fecha, apuntando incluso posibles proyectos futuros al final del texto. A continuación citamos a Bonet.

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Acerca de un filme maldito

Un arrebato para el cine espanol

«Una película maravillosa, insólita; un título clave del cine español…» «Arrebato», de Iván Zulueta, ha sido —por méritos propios— uno de los filmes más elogiados de estos últimos tiempos. Pero, ¿a qué conducen el elogio y el entusiasmo? A su fascinante originalidad, «Arrebato» debe añadir otra etiqueta: es una obra maldita. Cierto que las obras malditas suelen tener un raro encanto y son paladeadas con fruición por los «connaisseurs»; pero tal condición implica también una dramática frustración, que en este caso es la del cine español.

«Arrebato» se estrenó en Madrid en Junio del pasado año, y no pasó nada. En Barcelona, su deprimente «carrera comercial» —obligado el uso de comillas— comenzó a finales de marzo en un minicine. Para la crítica, una obra maestra; para el públicó, una película
de limitadísima difusión. «Arrebato» se exhibe ahora en un cine de repertorio que al menos la rescata por tres días de una muerte prematura e injusta.

El director que jugaba al escondite

Puestos a dramatizar —las obras malditas permiten esto y más—, podríamos decir que la precaria «carrera comercial» de «Arrebato» encaja coherentemente con la personalidad de su autor, Iván Zulueta, cineasta marginal en una industria donde ir contracorriente o simplemente anticiparse, suele pagarse con el olvido y el silencio.
«Arrebato» es el segundo largometraje «oficial» de Zulueta en diez años. El primero fue «Un, dos, tres, al escondite inglés», producido en 1969 por José Luis Borau. Un curioso filme musical «pop», en la línea preconizada por Lester, en el que incluso aparecía José María Iñigo, entonces gurú musical con barniz «progre».
La irregular carrera comercial de «Un, dos, tres, al escondite inglés», tampoco es que justificara los diez años de silencio que vendrían después. Diez años de silencio relativo, que no marginal, porque Zulueta, procedente del medio televisivo, alternó una brillante labor como cartelista de cine («Viridiana», «Camada negra», «Furtivos», «El corazón del bosque») con la realización de numerosos filmes experimentales en Super-8, la mayor parte sin paradero actual conocido. Cortometrajes como «Souvenir», «Te veo», «Hotel», «Ventana discreta» y «Kin Kon», o incluso tres largometrajes: «A-Mal-Gam-A», «Mi ego está en Babia» y «Primera parte», los dos últimos interpretados o simplemente con la presencia física de Will More, el Inquietante y patético andrógino de «Arrebato».

La cámara que vampiriza

«Arrebato» es una sugerente, original y sin duda autobiográfica historia sobre un director de cine insatisfecho con su trabajo y con su vida, dos realidades que forzosamente vienen a ser la misma. El cineasta José Sirgado (Eusebio Poncela) comparte su piso de Madrid con una actriz sudamericana llamada Ana (Cecilia Roth). Las suyas son unas relaciones tormentosas que a veces rayan en el masoquismo. La llegada de un paquete conteniendo un filme en Super-8 y una grabación, facilitarán un salto atrás combinado con las imágenes del presente, en el que Sirgado recordará su antigua relación con una especie de Peter-Pan (Will More), mezcla de andrógino y «punk», que filma en Super-8 todo lo que ocurre en su entorno.
La obsesión por la cámara llevará a este adulto, que quiere seguir siendo niño, a un autodestructivo narcisismo: se autofilma mientras duerme. Un día, Peter-Pan descubre que en cada nuevo rollo de Super-8 desaparecen imágenes en una progresión alarmante. ¡La cámara fagocita a su dueño! José Sirgado compartirá el destino de su amigo, cayendo víctima de la cámara vampírica.
Película fantástica y a la vez cotidiana, que alterna la alucinación de la droga con la alucinación del cine y sus mitos, en la que hay alusiones a Betty Boop, «Metrópolis», «Las minas del rey Salomón», Mae West, Frankenstein… «Arrebato» aparece como un ejercicio insólito, redondo, «underground» —terrible etiqueta a veces, pero aquí necesaria—, que consigue crear un clima casi mágico que nos lleva de la sonrisa al horror.
Tras su «Arrebato», cuál será el destino de Iván Zulueta? ¿Otros diez años de silencio? Proyectos, viejos proyectos, no le faltan: un musical» con la Orquesta Mondragón que se titularía «Chupanieves»; un vodevil esperpéntico sobre artistas que quieren salir a cualquier precio en las revistas del corazón; la historia de una pareja de Madrid que se escapa al Perú… Ya veremos si el cine español, su industria, admite nuevos arrebatos de Iván Zulueta.

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