Reseña de ‘Arrebato’ en Cinema 2002 (julio 1980)

Cinema 2002 nº 65-66

‘Cinema 2002’ nº 65-66, julio-agosto de 1980.

Texto publicado en el último número de la revista Cinema 2002, edición doble de verano de 1980. Es esta una de esas piezas especiales, redactada con aprecio y una gran perspicacia en sus interpretaciones que demostraban la emotividad que ante el filme sentía su malogrado autor, César Santos Fontela, todo un emblema de la crítica cinematográfica española que otrora trabajó para históricas revistas del bando «antiamericano-neorrealista» provenientes de las Conversaciones de Salamanca como eran Cinema UniversitarioObjetivo y Nuestro Cine, para luego saltar a Triunfo y otros medios. Citamos a continuación su despiece de Arrebato

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ARREBATO
Dirección: Iván Zulueta

Guión: IVAN ZULUETA.
Director de Fotografía: ANGEL LUIS FERNANDEZ.
Montaje: JOSE LUIS PELAEZ.
Música: NEGATIVO e IVAN ZULUETA.
Producción: NICOLAS ASTIARRAGA P. C.
Intérpretes: EUSEBIO PONCELA, CECILIA ROTH, WILL MORE, MARTA FERNANDEZ – MURO, CARMEN GIRALT, HELENA FERNAN-GOMEZ, ANTONIO GASET (sic), MAX MADERA, JAVIER ULANCIA (sic), ROSA CRESPO, LUIS CIGES.
Distribución: V. O. FILMS-GLOBE FILMS.

Alicia se llama José, y el Conejo, que responde al nombre de Marta, le llevará sin que se sepa que ha atravesado el Espejo, a ver a Peter Pan, al que además de gustarle los viajes de todo tipo, especialmente los que no precisan de desplazamiento, les gusta, en vez del pan, el chocolate y otras hierbas, pero más que nada, para viajar, el caballo, y, menos que nada, claro, crecer. Como no come es comido. Por la cámara. Porque su pasión es el cine. Que es también la de José, filmador de historias de vampiros que se llaman la algo de algo y que no le importan nada, o eso se cree él, como también se cree que no le importa nada Ana, que, claro, se llama Turner, y no es Mae West, pero hace películas en color, como debe ser, ya lo dijo la tía de Marta y de Pedro, que son unos primos, y no en blanco y negro como está de moda. Ana se quiere comer a José y José no se deja, o sólo un poco, y la cámara, que no tiene nombre y por eso es la innombrable, se come a Marta para que no vele los sueños de Peter Pan en viaje a las Minas del Rey Salón y después a Pedro por haber querido hacerse muy mayor y racionalizar lo irracional y más tarde a José por haber creído que no creía en los vampiros, engañado por el caballo y por Betty Boop, y convencido de que a él no le gustaba el cine sino que al cine le gustaba él, lo que resultó que era verdad aunque al montador no se lo pareciera, ni a la tía Carmen que estaba en Lourdes y no en Hollywood donde se hacían las películas bonitas y no las de ahora, que es que no te enteras, que no las has visto enteras, que tu Ego está en Babia, Iván, y eso no es plan. Que te ha dado el arrebato y te ha salido de puta madre, tío, y no lo ha ido a ver nadie, porque a los que no les gusta el cine ni el cine les gusta a ellos no han dejado tiempo a los del Otro Lado del Espejo de que se enteraran de que sí que era en color, y bonita, y que no era de llorar, sino de pasárselo muy bien o muy mal, coño.

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